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Después del descubrimiento de América, los españoles entre otros
productos trajeron al nuevo mundo la vid, inicialmente al Virreinato de Nueva España (México) y posteriormente en la década de 1540 al Virreinato del Perú. El escritor chileno José Del Pozo en su libro Historia del Vino Chileno, refiere que tiempo después desde el Viñedo de Tacama en Ica – Perú la vid se difundió a Chile y Argentina.

En el idioma quechua el vocablo pisqu designa a las aves pequeñas que poblaban el litoral de Ica – Perú. Asimismo, desde la época colonial se denominaba piskos a los recipientes de arcilla o botijas que almacenaban bebidas en general. Por extensión el puerto desde donde se embarcaba el vino y derivados a España y otros países terminó llamándose Pisco, al igual que el aguardiente de uva.

El Perú se convirtió durante los siglos XV y XVI en el mayor productor de vino de la región, afectando la producción y exportación de los vinos españoles, razón por la cual el Rey Felipe IV, el año 1641, prohibió la importación de vinos peruanos tanto a España como a toda su colonia de América. Esta prohibición así como el terremoto y maremoto que asoló Ica y Pisco el año 1687, ocasionaron el colapso de la industria vitivinícola.

Ante esta deplorable situación, los españoles y criollos optaron por producir aguardiente de uva o pisco a gran escala en desmedro del vino, utilizando para ello  los alambiques o falcas en forma similar a la elaboración del aguardiente orujo o parra en la península ibérica, con la diferencia que en España lo elaboran a partir del hollejo de la vid mientras en el Perú se desecha éste y se destila sólo el zumo de la uva. El pisco se constituyó desde entonces en la bebida de bandera nacional y orgullo de todos los Peruanos.

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